SPEYERIA IDALIA

Literatura y Moda
Termina siempre así, con la muerte. Pero antes, hubo vida. Escondida debajo el bla, bla, bla, bla, bla. Y todo sedimentado bajo los murmullos y el ruido. El silencio y el sentimiento, la emoción y el miedo. Los demacrados, caprichosos destellos de...

Termina siempre así, con la muerte. Pero antes, hubo vida. Escondida debajo el bla, bla, bla, bla, bla. Y todo sedimentado bajo los murmullos y el ruido. El silencio y el sentimiento, la emoción y el miedo. Los demacrados, caprichosos destellos de belleza. Y luego la desgraciada miseria y el hombre miserable. Todo sepultado bajo la cubierta de la vergüenza de estar en el mundo. Bla, bla, bla, bla, bla. Más allá, está el más allá. Yo no me ocupo del más allá. Por tanto, que esta novela dé comienzo. En el fondo, es sólo un truco. Sí, es sólo un truco.

La gran belleza

Paolo Sorrentino, 2013

“¿Crees que no lo entiendo? El absurdo sueño de ser. No parecer, sino ser. Consciente, alerta cada instante. Y al mismo tiempo, el abismo entre lo que eres ante los demás y lo que eres ante ti misma. La sensación de vértigo y la sed constante del...

¿Crees que no lo entiendo? El absurdo sueño de ser. No parecer, sino ser. Consciente, alerta cada instante. Y al mismo tiempo, el abismo entre lo que eres ante los demás y lo que eres ante ti misma. La sensación de vértigo y la sed constante del desenmascaramiento. De verte por fin descubierta, reducida, quizá aniquilada. Cada tono una mentira y una traición. Cada gesto una falsificación. Cada sonrisa una mueca: el papel de esposa, el papel de colega, el papel de madre, el papel de amante, ¿cuál de ellos es el peor?¿Cuál te ha causado más tormento? Mantener unidas todas las piezas con mano de hierro y lograr que encajen. ¿Qué falló?¿Dónde fracasaste?

Persona

Ingmar Bergman, 1965

Todas aquellas canciones country espantosas que mi padre escuchaba en el taller que tenía en el garaje, y que daban la impresión de que hasta la última de ellas trataba de alguien que se dirigía a una amante que había perdido y hablaba de por qué y...

Todas aquellas canciones country espantosas que mi padre escuchaba en el taller que tenía en el garaje, y que daban la impresión de que hasta la última de ellas trataba de alguien que se dirigía a una amante que había perdido y hablaba de por qué y del hecho de que no podía vivir sin ella, y de lo terrible que era ahora su vida, y de beber todo el tiempo porque vivir sin ella producía un dolor terrible, y yo nunca había soportado aquellas canciones porque me parecían totalmente banales, y jamás le había dicho nada a mi padre, pero no me podía creer que él las escuchara todas sin que le entraran ganas de vomitar… Y él me dijo que en realidad si escuchas esas canciones y cambias el “tú” por “yo”, entonces entiendes que en realidad de lo que están hablando esos tipos es de perder una parte de ellos mismos, o bien de traicionarse a sí mismos una y otra vez en beneficio de lo que creen que quiere otra gente, hasta que ya están muertos por dentro y ni siquiera saben qué quiere decir “yo”, y eso explica que la única forma en que puedan concebir su situación y la razón de que se sientan tan muertos y tristes es pensar que necesitan a otra persona y que no pueden vivir sin ella, sin esa otra persona.


El rey pálido

David Foster Wallace, 2008

Odiaba aquello, como odiaba las llanuras de Texas, el desierto de Nevada. Los espacios horizontales y poco habitados siempre le habían sumido en una depresión acompañada de sensaciones de agorafobia. Los puertos eran la delicia de su corazón: llenos...

Odiaba aquello, como odiaba las llanuras de Texas, el desierto de Nevada. Los espacios horizontales y poco habitados siempre le habían sumido en una depresión acompañada de sensaciones de agorafobia. Los puertos eran la delicia de su corazón: llenos de gente, ruidosos, atestados de barcos; junto a ciudades de pestilentes cloacas, como Yokohama, donde pasó un verano durante la guerra de Corea como soldado raso del ejército norteamericano-¡Dios! ¡Y me dijeron que me mantuviera lejos de Kansas! Que no volviera a poner el pie aquí en mi vida. Como si me estuvieran cerrando las puertas del paraíso.

A sangre fría

Truman Capote, 1965

Monica Swinton, veintinueve años, de figura grácil y ojos centelleantes, fue a sentarse en la sala de estar y acomodó sus miembros con elegancia. Empezó por sentarse y pensar. Al cabo de poco, sólo estaba sentada. El tiempo se le reclinaba en el...

Monica Swinton, veintinueve años, de figura grácil y ojos centelleantes, fue a sentarse en la sala de estar y acomodó sus miembros con elegancia. Empezó por sentarse y pensar. Al cabo de poco, sólo estaba sentada. El tiempo se le reclinaba en el hombro con la pereza maníaca reservada a los niños, los locos y las esposas cuyos maridos están lejos de casa, mejorando el mundo. Casi por reflejo, extendió la mano y cambió la longitud de onda de las ventanas. El jardín se desvaneció. En su lugar, apareció el cnetro de la ciudad junto a su mano izquierda, abarrotada de gente, botes neumáticos y edificios, pero mantuvo el sonido mínimo. Continuó sola. Un mundo superpoblado es el lugar ideal para estar solo.

Los superjuguetes duran todo el verano

Brian Aldiss, 1969